Un Cherokee y un D9


Hace muchos años, tuve el privilegio de participar en una obra de construcción, donde uno de los responsables de la obra, siendo de origen Cherokee, pedía permiso para llevar una ceremonia antes de iniciar el desmonte y nivelación de los terrenos donde estaba por construirse la obra. Roberto, de origen Cherokee, después de recibir permiso, se dio a la tarea de buscar un sacerdote o chaman para que condujera la ceremonia.

En la región donde vivo, tenemos descendientes de apache, tarahumara, pima, mezcalero, isleta y tigua. Muchos de ellos aun practican las ceremonias antiguas y muchos no.

El vivir en la frontera te hace receptor de información que solo tiene relevancia y forma aquí, donde las dos naciones se unen – y desunen según los vaivenes de las políticas internacionales. Hace algunos años, un amigo que trabaja en una agencia aduanal, alarmado me comentaba; “los menonitas están importando docenas de D9 Caterpillar para llevarlos a Campeche…” Alarmado, le hice una serie de preguntas.

El D9 Caterpillar tiene un peso de 49 toneladas y se utiliza para nivelar terrenos, desmontar selvas y bosques, y es tan poderoso que en muchos países se requiere de permisos o licencias especiales para operarlos. Su poder es tal, que existe el anécdota donde en la ciudad de Los Ángeles California, un operador sufrió un ataque cardiaco y la maquina continuando pero sin control, incesante camino por kilómetros completos arrasando todo lo que se topaba –casas, arboles, edificios, todo sucumbía ante su paso. No fue hasta que llego a un canal profundo, que cayendo al fondo, continuaba intentando “empujando” todo, se topó contra un muro de concreto y tierra imposible de mover. Las orugas se salieron de sus rondanas y ya no pudo propulsarse. Al momento que llegaron los cuerpos de rescate, el D9 aún continuaba con su maquinaria y transmisión funcionando y solo había perdido la tracción de las orugas.

Los menonitas después de haber sufrido extorción, robo, amenazas, sequía y violencia en Chihuahua, vieron a Campeche como el paraíso e iniciaron la peregrinación a las tierras prometidas, esa tierra que todos buscamos y exigimos; la tierra donde fluye leche y miel. Los menonitas con abundante financiamiento, espíritu emprendedor y gente de mucho trabajo y esmero, llego a Campeche para conquistarlo. Viendo la humedad de sus tierras, la abundancia de bosques baratos, invierten en esta maquinaria para arrasar todo cuanto se oponía ante los plantíos. Sin respeto, sin honor, sin cuidado alguno del medio ambiente y la naturaleza, estos hombres que, huyendo en su momento de Europa buscaban una perfecta armonía con Dios y sus creencias, llegaron a Campeche para arrasar y destruir las selvas. Desestabilizaron la armonía de las selvas mientras predican a un Dios de amor, de paz y de respeto…

Al observar la ceremonia que mi amigo Roberto de descendencia Cherokee y los hermanos Tigua efectuaban, le pregunte a Roberto que me tradujera lo que parecían repetir a los cuatro puntos cardinales. La traducción era algo así;

“Madre tierra, acepta este incienso y esta ofrenda. Perdona que tengamos que herir tu piel, perdona que quitemos los arbustos de tu corteza, perdona que muchas aves y conejos no tengan que comer para que nosotros construyamos algo que necesitamos. Perdónanos por herirte para sacar arena y piedra de tus entrañas y no permitas que por tu falta de perdón, este proyecto tenga deficiencias y heridos. Prometemos plantar más árboles para remplazar lo que nos has dado, alimentaremos pájaros y conejos hambrientos, y también a todo hombre que con hambre camine sobre nuestra tierra.

Mi amigo Roberto nunca dejo que un pedazo de madera, metal o papel se fuera a la basura, todo lo que él pudo reciclar, lo reciclo. Nos insistía en comprar productos reciclados o reciclables, y los fines de semana, plantaba arbustos y semillas de árboles nativos en el desierto. Al final del proyecto, gracias a su insistencia, existen lugares donde los mezquites, llorones, sauces, y flores del desierto, hoy florecen y prosperan.

La búsqueda del éxito no debería de ser nuestra excusa para dilapidar y subyugar ecosistemas y la madre naturaleza. Nuestro camino por la tierra tiene consecuencias, o escogemos conquistar con una actitud de deidades que llenas de soberbia porque vemos todo cuanto nos rodea como nuestro y para nuestro despilfarro y mal manejo. O pudiéramos escoger la actitud de ser parte de lo que nos rodea, tratar con respeto todo lo que poseemos y pisamos, y darnos cuenta que o somos parte de del problema, o somos parte de la solución.

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