Mi charla con un ángel


Nadie más me lo ha platicado, la historia fue forjada y desde entonces, circula entre nubes de algodón y miel. Desde la misma creación, la leyenda la lleva escrita cada uno de los seres que conformamos este universo – y es parte de lo que somos. Somos juez y parte de este inevitable desenlace que veo llegar.

No fue más que mi incredulidad que no me ha permitido entender ese suceso – hasta este momento. No ha sido más que mi falta de poder ver más allá de mi propio entendimiento que nos regala el poder de sentirnos eternos en la juventud temprana. No es sino hasta que la fragilidad de tu mera existencia es evidente y detonada por sucesos; que un ser viviente adquiere la conciencia.

¿Sabes? He contemplado desde bancas y piedras, las abejas entre las flores, me he imaginado volando entre las plantas libando sueños e historias, me he vuelto el insecto alado que transpira luz y vive libertad, para luego extinguir su vuelo al entregar su vida en beneficio de los demás, de las generaciones que vienen; para seguridad existencial del mañana. Esa es la lección y vida que cargamos los seres humanos dentro de nosotros es herencia de las abejas. Es por eso que un pintor deja cuadros que solo son entendidos muchas veces, siglos después de haber sido pintados. Los escultores tallan esculturas en mármol y cantera, y que generaciones después disfrutamos.

He escuchado la hermosa música de Mozart, Vivaldi, Lara y Serrat, y me imagino su vida entre las notas, entre el fa y el sol, volando, libando y vibrando sinfonías, y entre los acordes desgastar sus ojos y sentidos para legarnos música a las generaciones que les seguimos. Existimos, nos extinguimos y nos vamos; y es únicamente el legado la vereda que hemos marcado con nuestro camino, lo que dejaremos para juzgar nuestra existencia.

Este fin de semana, mientras regresábamos de la sierra, en una curva cerrada, unos encapuchados con armas y muchas balas, perseguían, asediaban, levantaban y aniquilaban a alguien o muchos, y con unas camionetas atravesadas en el camino, detenían mi paso y el de muchos, y con la boca de armas apuntada a mi cabeza me hacían sentir lo poco y miserable de nuestra limitada y frágil existencia. La futilidad de la vida es más real cuando esta misma amenaza en escaparse como ave en las manos del torpe. Somos frágiles seres de cristal y nos creemos invencibles robles de hierro y granito.

Observando abejas en un campo floreado, me transporte con ellas entre flores y tallos, seguí olores y libe sueños, volé entre almendros y duraznos en flor, y me fugue con el sol y con el viento. Al llegar a un enorme roble, encontré que el roble era un ángel, que disfrazado, cuidaba de las abejas, yo, Intrigado le pregunte;

-¿Quién hiso las abejas?

- Las abejas fueron un conjunto de deseos, actos y hechos que se materializaron en insectos que existen para plasmar ejemplo y lección de unidad, son colmenas que intentan transmitir la esencia del sacrificio del uno para el otro, son miel que endulza la vida, son la vela de cera que ilumina sueños y el futuro al encenderse con el pistilo de tu vida- me dijo…

-Veras, -me dijo-, cuando Dios creo al hombre en el edén, le dio el árbol de la vida y de la muerte; el árbol de la sabiduría y ciencia de cuyo fruto, nadie debería de haber comido. Fue la compañera de Adán, quien por convencimiento ajeno y maligno, desafío el cielo y sus ordenanzas y tomando el fruto, comió de él. Las manzanas del árbol de la ciencia del bien y del mal fueron congelados al caer lagrimas del Dios Padre sobre ellas, y estas, al caer de las ramas y estrellarse en el suelo, se fracturaron en miles de pedazos para después salir del edén en un enorme enjambre. Ese enjambre llevaba consigo la vida, la sabiduría, la esperanza pero, también la muerte. Cuando las abejas dejen de existir, al ser que salió del edén, -el hombre, a este se le acabara la vida, la sabiduría le dejara, no habrá esperanza y solo quedara la sombra de las abejas que no es más que la muerte emanada del árbol del edén.

-Ahí está el origen de las abejas –me dijo…

Ahora comprendo que mi necesidad de observar abejas es porque sigo su vuelo esperando que se derrita de ellas sabiduría. Busco encontrar ciencia y el bien que ellas cargan como sello de la existencia de Dios. Vuelo escapando la realidad de mi limitada existencia al imitar su vuelo y al encontrar flores que se marchitan entre las cuarteaduras del cemento, flores que brotan entre los ladrillos y banquetas que forman las junglas de concreto, regreso al Edén y busco los pasos de los que intentaron dejarnos la vereda a seguir.

De la vida quiero miel, de mi existencia quisiera dejar el legado que las abejas, las que nos enseñan que cada día se gastan sin codicia ni avaricia para el bien de los que vienen detrás. Quisiera dejar luz al partir y que algún día se pueda iluminar el necio con ella. Vivo y existo en la delicadeza del destino que nos acedia y que en algún día, tendremos que encarar.

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