La cruel venganza del barril.



Existen historias tristes, afligidas por las pérdidas e inconsolables por el destructivo arrojo que, aunque prevenible, fue por causa de arrogancia e ignorancia.

Pero también existen tristes historias con desenlaces que nos dejan un sabor de equidad, de equilibrio y sobre todo, de justicia ejercida por los mismos actores del panorama que fue forjado – y tú eres solo el espectador. Me apena decirlo, pero no tuve nada que ver con el desenlace, me entristece apuntar que me apenan las partes pero me alegran las consecuencias – y reconozco que estoy mal por sentirme bien.

Un poco de historia…

Hace tiempo, se me hablo a retirar una colmena que, adentro de un barril vacío de Whisky, amenazaba a una familia que habitaba un hogar en una zona semi-urbana.

Cuando fui a ver el hermoso barril, me di cuenta que no sería un rescate facil. Tenía muchos materiales de construcción que impedían un camino directo al barril y obstáculos para mi vehículo. Como es sabido de todos, yo tengo impedimentos físicos por mi accidente, me es dificultoso caminar en tierra suelta y desnivelada, y mucho más si está plagada materiales que estorban mi caminar. Con dificultad llegamos hasta el barril, y con recelo vimos que las abejas eran altamente agresivas. El barril debe de haber estado lleno de miel y población porque estaba mucho muy pesado y como solo éramos mi esposa y yo, no nos vimos con la posibilidad de bajar el barril de una plataforma donde estaba, después rodarlo por más de 100 metros como en una carrera de obstáculos, para después levantarlo hacia la plataforma del vehículo para su transporte. Le informamos a la señora de la casa que tendríamos que regresar en otro día, para así traer amigos que estuvieran dispuestos a apoyarnos a rescatar la colmena del barril. Me hablo el señor al siguiente día para preguntarme cuando quitaría el barril de su casa, y le informe que al día siguiente porque quien me ayudaría, no podía en otro día.

El día siguiente, siendo las 10:01 de la mañana, Don Aurelio recibe una llamada….

- “¡Ring, ring…!” – me decía el teléfono

- “Hola” – conteste con el garbo y galantería que solo un Rector de la Universidad del Alto Conocimiento Apícola Contumaz e Irreverente puede tener.

- “!!!Señor, help me!!! – yo, sin perder la calma, y como estoy dotado para esta nueva era de multilingüismo que el aire electorero exige, le dije;

- “¿Perdón, y who are you?”

Con una pesada y agitada respiración, la persona detrás del teléfono, algo enojada y como quien se rasca la nariz y habla al mismo tiempo que se jala la oreja, me dijo;

- “Soy la persona que tiene las bees en el barril”

Yo, con mi destreza y pesadez de mi cargo, y con temor de no quedar mal con la persona que me pedía ayuda desde la otra línea, no pude más que pensar en la más correcta de las respuestas aplicables en este caso;

- “¿What?” – le dije. Y sabiendo que mi monosilábica respuesta causaría un efecto sobre la pobre mujer, me picaba un diente con un popote mientas con una sonrisa en mis labios esperaba…

- “Yes, soy la señora de las abejas dentro del barril… bueno, ya no tan adentro del barril y bueno… ya not too many en el barril…”

Me dije a mi mismo; - “…mismo, es tiempo de actuar…” Me levante de la mesa donde estaba hablando con la señora, me sacudí las migajas del pan que había caído sobre mi barba antes de la llamada, y que junto con las aceitunas y la cebolla de la pizza que me había comido dos días antes, le dije;

- “OK, lady, ¿que es el problem?

Acompañado de llanto y mocos, la señora me relataría que su troglodita marido, habiendo bebido unas “too many budweiseres” de más, y que se llenó de coraje y arrojo, y que como Sansón, que atado a unas columnas de un templo Filisteo donde lo tenían como exhibición de poder dominado, un día, se libró de las cadenas que lo ataban y tomando las columnas las derribo y con ello, demolió el templo y todos los que lo avergonzaban diariamente – y el junto con ellos. El mareado marido, vio el gran barril como un desafío a su hombría, y arrojándose sobre él, intento llevarlo a un punto donde yo pudiera rescatarlo. Me imagino al señor, haciendo calentamientos frente a la televisión y sus hijos y esposa, y en un arrojo de macho, se arrimó al barril. Logro moverlo unos metros, hasta la orilla de la plataforma donde al llegar, ya tenía unas 50 picaduras. Logro arrojarlo de la plataforma, y antes de que llegara al piso – donde explotaría por el peso, ya tenía otras 50 picaduras. Entro a su casa, donde pudo hablar a la ambulancia para que lo rescataran de las más de 300 picaduras que le habían regalado las abejas del barril. Ya con el cuate en el hospital y a salvo de convertirse en una tuna humana, la señora me hablaba desde adentro de la casa…

- “Sir, por plis ayudenos, porque las bees están picando los dogs del barrio. Nadie puede salir de sus homes because las angry bees no nos dejan walkiaar…”

- “! Oh my God señora!, ya destruyeron esa colmena y francamente ya no puedo hacer nada por you bad peoples…” – les dije.

Triste desenlace de lo que pudo ser una hermosa colmena que adornaría el patio de mi home…

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