EL PRECIO DE LA INSTRUCCIÓN.

Cuatro lecciones aprendidas.

Dulce con sus discípulos “Pipitoria”, “La Lola” y la “Chicharita”, le entraron. Sabían de antemano que el riesgo de una picadura era fuerte, los trajes que logre rescatar del fondo de mi cajón no estaban en el mejor estado. Yo, como todo hombre tacaño y cuenta chiles, no me gusta tirar nada “para lo que se ofrezca más delante” y después de escarbar entre los muchos cajones que tienen enormes cantidades de “para lo se ofrezca más delante” …decidí iniciar… Les dije con prisa que estaríamos inspeccionando unos núcleos que tenían solo unos días de instalados- esta sería mi primer lección. Les lleve y haciendo alarde de mi destreza, inicie la lección sobre cómo identificar una buena postura, larva, huevo y pupa; la segunda lección que recibiría, derivo del no ser explícito y aportar más información que la que se pueda consumir de acuerdo al nivel de quien la recibe. Se les enseño la diferencia de conducta entre un núcleo que ha quedado sin reina, y la conducta cuando si la tienen, el ruido que emiten, los movimientos y temperamento que demuestran, y cuando la tienen; la gran diferencia que existe entre ambos. Pero, ¡oh grave error el de no darle un trato digno a la reina! y el de no darle instrucción a los alumnos. Indignante y arrogante actitud la mía, que por falta de instrucción sobre el manejo que se le debe a la reina, estaría presenciando una aberrante acción contra ella -esta sería la tercera de mis tonterías, digo; lecciones. A la Chichara, se le metió una abeja por las mangas del traje, pero no me dijo nada. La veía como se torcía de un lado a otro, y como si tuviera una gran lombriz en su estómago o cual gusano que se retuerce en las banquetas calientes. Yo continuaba con eficiencia, con certeza y digna compostura, la seriedad de mi rostro solo se podía comparar con la de Moctezuma –el maestro desconectado de los alumnos, como político del pueblo en los meses antes de dejar el mandato. Embelesado con mis palabras y satisfecho de mí mismo, se me olvidaba el real objetivo de mi visita; enseñar, instruir, dejar mi ego y compartir mi conocimiento, y si hubiere tenido un espejo, ¡me hubiera peinado el copete! -¡Carambas! La cuarta y más dolorosa de las instrucciones que yo recibí el día de ayer, fue cuando Dulce, sin instrucción previa, se llevó el dedo al bastidor con gran emoción y ligereza, y con furia de un huracán, la fuerza de una locomotora, y la rapidez de Superman, señalaba la reina con tal vigor, que mi pobre reina, hija de mis manos, hermosa victima de mi ineptitud y falta de cuidado de su salvaguardia; caía cual árbol talado hacia los bastidores, y en la caída sentía yo que me gritaba; “Ingrato, contumaz improvisado instructor de lo que no entiendes; ¿como te atreviste a ponerme en las manos de Dulce?” Creí ver lágrimas en sus 14,003 ojos mientras la veía moverse por última vez ya despanzurrada y espermáteca de fuera. Sus hijas me vieron con reproche, y si tuvieran dedos, creo que hubieran utilizado uno de ellos para recordarme algo. Dulce con toda sencillez, y alegría me dijo; ¡Ah caracoles!.. ¡Pero que blanditas son las reinas!... y con su dedo, embarraba la panza de mi reina sobre los panales… Después de llorar sobre mi reina ya sin vida, comprendí que las lecciones del día me enriquecerían de por vida. Secadas mis lágrimas y con la evidencia de haberme sacudido mi nariz sin quitarme el velo (claro, por mi dolor), camine con mi reina entre mis dedos sin levantar la mirada. Avergonzado y con el sol en mi cara, llore por última vez por mi pobre reina de 6 patas. Hincado de dolor y por el llanto en grito, al levantar la reina entre mis manos al cielo, se me cayó en la boca y atragantándome, casi me la como… ¡Ho dolor, cuanto dueles dolor…! Ya ni el sol me calentó el resto del día, y la cara cómica de “La Chicharita” o el cambio de nombre que le otorgaran las demás chicas, me causo una sonrisa. “La Chicharita” hoy simplemente conocida como “Unicornio” por el apodo que le dieron las demás chiquillas me informaría que, al tratar de cumplir con la encomienda de enterrar a la reina muerta, la ceremonia no había sido exitosa. Resulta que al hacer el hoyo para enterrar a la reina, colocaron el medio cadáver de la reina sobre una piedrita y al iniciar un rezo, delante de Ratón y de Bombón, un pájaro volando con destreza, se comió el cadáver. Lección que aprendí; debo de prepararme bien y instruir con claridad todo lo que el alumno vera y que hacer y qué no hacer.

Lecciones que mis alumnos aprendieron; no todo lo que brilla es oro, y muchos solo instruyen las cosas como un loro. —no aprendieron nada de apicultura... Lección para todos; si queremos apicultores capacitados, iniciemos con capacitarnos bien como maestros…

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