Carta a mi hijo Aurelio



El camino entre Cuauhtémoc y Chihuahua, ahora una autopista, el que recorrimos juntos tú y yo hace algunos años era feo –¿recuerdas? En ese camino, mi amigo un día transitaba con su camioneta los 60 kilómetros con su miel para la venta, muchos litros de agua, su esposa, y unas tortas para el camino. La camioneta era tan mala, que se sobrecalentaba mucho, y las tortas eran para comer mientras se enfriaba y el agua para remplazar la que se perdía. 60 kilómetros lo separaba de sus abejas y el mercado donde vendía su miel. Así paso el tiempo, y la necesidad persistía en la sierra cruel que puede ser la Sierra de Chihuahua.

Las hazañas de sobrevivencia tienen un costo personal, y las aventuras para sobrevivir nutren el espíritu.

Cuando tú eras pequeño, yo era un jovencito todavía, y también emprendí un viaje para mejorar mis condiciones de vida y la tuya, un viaje con esperanza, dolor y gran necesidad. Mi padre me regalo el reloj de oro que ahora tiene tu hermano, y que un día fue de mi abuelo y su padre mi bisabuelo. Yo al verme rodeado de insuficiencia y anhelo de un rayo de luz, tu llanto y la carestía de esperanza, me obligo a canjear el reloj de mis ancestros, por unos cuantos billetes que me permitirían emigrar a California para buscar el pan. Llegue a un lugar inhóspito y frio de espíritu y comprensión para el que, por necesidad busca algo más.

Mi amigo cuenta como un día, sin conocer a nadie ni acompañarse de un fajo de billetes, comprara otra camioneta vieja, para remplazar a la más vieja, y con ello mejorar su medio de transporte. Lucho y trabajo muy duro buscando lo mejor para su familia y en su momento, compro un camión destartalado que daba lastima. Sus abejas eran su esperanza y prosperaba bien con su producción de miel.

Hoy me doy cuenta que muchos hemos buscado el horizonte que nos lleve al otro lado de la necesidad, buscamos la sonrisa y la mano amiga para llenar nuestro vacío, desgastamos nuestras buenas acciones en gente cruel y ventajosa que se disfraza de castidad e integridad.

Fueron muchos años de faenas pesadas que llegaron junto con el ante la situación de sequía que solo en el norte conocemos porque nos trata con crueldad. El hombre que un día lucho fuerte para triunfar y recorrió un largo camino para llegar ahí, en el momento de llegar se vería con la necesidad de iniciar de nuevo; emigraba para buscar nuevas oportunidades y un horizonte nuevo. Llegaba al bajío en calidad de empleado con tal de proveer el sustento para sus hijos y esposa. Lucho en esas tierras fértiles y productivas, y bajo mucha penuria, logro el éxito para la empresa donde laboraba y después de descalabros, encontraría su propio éxito empresarial; mi amigo se convertía en productor, acopiador y exportador de miel. Estando en la cúspide del éxito, un juego de números, descuidos jurídico contables, imposibles de predecir para un apicultor pero si obligados en el profesionista que tenía empleado, lo llevo a la bancarrota. El fisco gratifica a los pobres empresarios pequeños, con grandes cargas fiscales y pocas esperanzas de librarlas, mi amigo perderían todo de tajo, de golpe mortal y certero, perdería el fruto de su trabajo de muchos años y la esperanza y deseo de superarlo. Al ver como se llevaban lo mejor de su empresa, regreso a los cajones, las abejas y la miel, y desarrollando lo que él conoce y domina, inicio en el campo de nuevo…

¿Qué es el éxito? El éxito es nada más el destino de la gente trabajadora y emprendedora. No se mide con propiedades, ni con dinero ni oro, el éxito es la culminación de tu caminar, el destino en tu camino y la satisfacción de llegar. Para algunos el camino no tiene fin y es un gran laberinto donde se pierden, un enorme hoyo que sale del infierno y que los atrapa y ellos, con sus garras tratan de tomarse de cualquier y cualquiera con el afán de sacarse. El hambre desbocada por obtener esclaviza a cualquiera a una yunta, y el insaciable paladar por los excesos derrota al hombre antes de que inicie su carrera.

Mi recorrido por la vida ha pasado por valles de tristezas y necesidades, pero también de enormes alegrías y satisfacción personal. Eres tú la fuente de mi orgullo al saberte hecho todo un hombre, un científico y catedrático de la universidad que me derroto en su momento. Parte de mi éxito eres tú al final de todo, y tu lucha concluida por llegar es mi satisfacción.

Mi amigo reinicio de cero otra vez, y con la ayuda de un amigo, sacudió el polvo que le dejo su caminar y hoy dirige la empresa más importante en apicultura de México.

No me lo dijo, pero de seguro él tiene hijos como tú que pudieron haberse beneficiado de ver a su padre más tiempo, y esposa que lo necesito en el recital navideño de su hija en la primaria, mientras el repartía sus productos para darles el futuro que en el presente no entendieran.

Hijo, te amo, y si en algún tiempo no presente atención a tu crecimiento, fue por mi afán de proveer para que lograras crecer sin cadencias, y en el trayecto, o provees o atiendes los pormenores y las dos, como necesidades se conjugan en una jugarreta de escondidillas y las pierdes y confundes entre sí. Nadie más que tú conoce mi camino y mi lucha, nadie más que tu comprenderá el sacrificio por llegar, nadie más que tu prueba el resultado del éxito obtenido por el trabajo, nadie más que tu merece saber que siempre te he amado y que siempre te amare.

Espero que a mi amigo, Arnulfo su familia lo entienda como lo haces tú…

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