Abejas en mi funeral…


Cuando muera, quiero que las abejas visiten mi féretro, quiero que lleguen muchas abejas en lugar de zopilotes o falsos amigos. La muerte es tan solo un paso más del que nadie nos libraremos, todos con toda la seguridad les digo; llegaremos. Unos nos adelantaremos más pronto que otros, pero todos llegaremos a nuestro inevitable destino. En la mitología griega, a los difuntos se les ponían dos monedas de oro en los ojos, para que al despertar en su viaje al otro mundo, pudieran pagar el peaje. Yo quiero que me entierren con un frasco de miel por si tengo que pagar algún peaje –ojala no sean como las carreteras mexicanas porque necesitare un camión de miel para lograr pagar toda mi trayectoria. En la historia de la humanidad, en dos ocasiones registradas, las abejas de los apicultores han atendido los funerales de sus dueños. En 1934, cuando un reconocido apicultor ingles murió en Shropshire Inglaterra, sus abejas asistieron el funeral. Llego un enjambre y se postro en una tumba cercana como presenciando su partida, y en cuanto lo sepultaron, las abejas dejaron el lugar. Cuando John Zepka de Berkshire Hills, cerca de Adams Massachusetts murió en el año de 1957 en el 27 de abril, miles de abejas se enclaustraron en la tienda que resguardaba a la gente que atendía su funeral, como pagando un respeto a la partida de su amo quien nunca trabajo sus abejas con ningún tipo de protección o humo. Parece ser que el apicultor que entendiendo sus abejas, se adentra tanto en sus actividades cotidianas, que termina formando una especie de conciencia colectiva con sus animales. Es de todos conocido que las abejas por si solas, como animales individuales, no poseen inteligencia suficiente para hacer ningún prodigio, pero como consiente colectivo, las abejas son de los animales más inteligentes del planeta. Para nuestra mentalidad moderna, esto es inconcebible pero, en las culturas primitivas, las que estaban más apegadas a los tiempos y señales del cielo, el viento, la luna y las estrellas, estas, respetando creencias ancestrales, cuando un apicultor perdía la vida, sus colmenas eran cubiertas de un manto negro como para anunciar su muerte. Se cree que esta tradición no solo era el de anunciar o comunicar de la muerte del apicultor, sino de avisar que las colmenas estarían de venta por causa de muerte. Eran tan fuertes las tradiciones apícolas, que en un Westphalia Alemania, se acostumbró por mucho tiempo que los recién casados, antes de tomar posesión de una casa, tenían que aprender a trabajar las abejas antes de que se les permitiera habitar la casa. No, cuando me muera, no quiero mantos negros en mis abejas puesto que ya eso está resuelto, quien se ha de quedar con ellas ya lo sabe. Pero si por fortuna un enjambre se posara en mi ataúd, por favor no las espanten y denles la oportunidad de despedirse de este viejo, que estoy seguro que poco se le echara de menos ya después de mi partida.

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